Con tejido ayudan a reclusas a tener una segunda oportunidad

Foto: Especial

Las prisiones de México albergan a más de 211,000 reclusos, de los cuales 5% son mujeres quienes fueron arrestadas, en su mayoría, por delitos contra la salud, es decir, lo relacionado con la creación y distribución de narcóticos, según revelan datos de la primera Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad (Enpol) realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

Estar en prisión genera depresión y estrés por el ambiente que se vive, la falta de recursos y especialmente cuando se tienen hijos, quienes en algunos casos viven con sus madres pero sin conocer el mundo más allá de los muros del penal. Al salir, la situación no mejora porque en la mayoría de los casos la reinserción, tanto familiar como social es complicada o imposible.

Ante esta situación, se buscan crear programas de apoyo que permitan tener una buena salud emocional y que ayuden a tener un papel productivo en la sociedad. Ejemplo de ello es la asociación La Cana, cuyo objetivo es crear oportunidades de trabajo a través de talleres de tejido y bordado, para así mejorar el desarrollo personal y evitar la reincidencia.

“El objetivo es que las mujeres aprendan un oficio para que estén lejos de la delincuencia. Es algo que nos afecta a todos como sociedad porque lamentablemente las cárceles en México no funcionan como deben, por lo que al salir muchas mujeres al no tener otra opción de vida, probablemente seguirán cometiendo delitos”, explicó en entrevista a El Economista, Daniela Ancira, abogada y cofundadora de la asociación.

Asimismo, el programa les permite costear los gastos de prisión como comida o agua caliente, que generalmente son aportados por los familiares. De esta forma se obtiene un ingreso legal que también permite convertirse en un sustento para sus familias.

El comienzo

“La Cana” surgió hace cuatro años después de que Ancira y tres compañeras de la universidad, visitarán el penal de Barrientos, ubicado en el Estado de México, donde observaron la exclusión que sufren las reclusas y situaciones que enfrentaban a diario. En ese momento, supieron que debían hacer algo para ayudarlas a reinsertarse a la sociedad.

Así, hace dos años fue cuando comenzaron formalmente el programa en el reclusorio de Barrientos, donde hay cerca de 180 internas. Con el tiempo, hicieron acuerdos con la dirección general de prevención y reinserción social del Estado de México y ahora tienen presencia en el penal de Nezahualcóyotl Sur que alberga a 207 mujeres y en Ecatepec, Chiconautla donde hay 250 presas.

“En Ecatepec, apenas están en etapa de capacitación porque apenas entramos hace unos meses que termina en diciembre para que puedan comenzar a trabajar formalmente en enero. Ahorita tenemos trabajando a 100 mujeres”, dijo Ancira.

Desde el inicio del programa, 200 mujeres han sido capacitadas y 10 que ya salieron del penal, siguen colaborando con la asociación.

Ancira detalla que el principal objetivo es motivar a las participantes, ya sea para que hagan sus propios diseños, que no abandonen el taller y que se sientan mejor emocionalmente.

“No solo damos talleres de capacitación de empleo, sino de desarrollo integral de la persona como psicología, asesoría jurídica, de arte, cultura, educación. Asimismo, tenemos talleres de yoga, meditación, psicoterapia de arte, escritura y redacción. El apoyo también se brinda a mujeres que viven con sus hijos”.

Las ventas

Ancira detalla que todos los productos son vendidos a través de la página web de la asociación, en bazares, exposiciones y ferias, así como en 19 tiendas en 11 estados de la república, además de que se pueden solicitar pedidos especiales y hacer envíos internacionales.

Las reclusas tienen total libertad de sus diseños y deciden cuanto desean ganar, si realizan más tejidos, más dinero obtendrán.

Las ventas promedio por mes son de 400 y 500 productos, y del precio total de cada uno, 33.33% es para la interna, 33.33% para la fundación y 33.33% restante para todo lo administrativo.

Apoyando causas sociales

Con sus artículos, las reclusas han apoyado causas sociales como apoyar a niños con cáncer y ayudar a los damnificados por el sismo del 7 y 19 de septiembre, donde realizaron una versión de la perrita rescatista Frida.

“Cuando fue lo del sismo, inmediatamente preguntaron ‘¿cómo podemos ayudar?’ y así fue que se les ocurrió hacer a Frida que fue todo un éxito. Vendimos cerca de 600 perritas y con eso ayudamos a la reconstrucción de seis casas por medio de una fundación llamada ‘Échale a tu casa’”, reveló

Pequeños cambios

El éxito que La Cana ha tenido, no sólo se refleja en las ganancias económicas, sino en el bienestar de las mujeres, ya que viven de diferente manera.

Ahora, las reclusas tienen una mejor visión de su futuro, se sienten más independientes, tienen una mejor actitud, son más comprometidas, disciplinadas, han aprendido a trabajar en equipo, tienen mucha energía y son más alegres.

“Nunca sabes por qué esas mujeres cometieron crímenes, pero brindándoles las herramientas, pueden salir adelante. Si no les damos la oportunidad de crear un futuro lejos de la delincuencia, donde puedan solventar sus gastos y de sus hijos, nunca creceremos como sociedad”, resaltó.

Hasta ahora, este es el único programa en su tipo en la Ciudad de México y como siguiente paso para 2018, el equipo continuará la expansión del mercado a nivel internacional, consolidará las capacitaciones y buscará el ingreso a otro penal.

“Hay que tratar de abrir la mente de que no podemos vencer la inseguridad del país excluyendo a los presos. Esto se logra afrontando las causas y dando un empleo formal a una persona en prisión, que ayude a un desarrollo económico y que reduzca los niveles de reincidencia y delincuencia en el país”, enfatizó.

Gracias al trabajo que Ancira y sus colaboradoras han realizado, el próximo 16 de noviembre, participarán en Incmty, el festival de emprendedores de América Latina, donde contarán el panorama del emprendimiento social, su importancia y todos los beneficios que se obtienen de él como la generación de empleos.

CRÉDITO: 
Elizabeth López Argueta / El Empresario

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