"Hay que tener miedo al fracaso para evitarlo": emprendedor

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Luis Pérez-Breva (Barcelona, 1975) llega puntual a su cita con Expansión en la Fundación Rafael del Pino, en Madrid. Viste traje y camisa, sin corbata.

Una prenda que ha quedado confinada en los armarios de los que, como él, se mueven en el vibrante ecosistema tecnológico de Estados Unidos. Hace apenas unas horas bajo del avión procedente de Boston, donde vive desde hace ya 20 años. Allí dirige el MITInnovation Teams en el prestigioso Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, en sus siglas en inglés).

Un programa semestral al que acuden alumnos de todas las disciplinas imaginables (ingenieros, lingüistas, estudiantes de políticas, humanidades o de escuelas de negocio) con un único objetivo: aprender a innovar. Algo que para muchos parece estar sólo al alcance de las mentes más privilegiadas pero que, en opinión de Perez-Breva, puede hacer cualquiera que lo desee y se entrene para ello.

"Las virtudes de nacimiento y los dones no son reales en ningún campo y tampoco lo son en este. A innovar se puede aprender, a la gente le sorprendería lo fácil que es, y se puede mejorar con la práctica", asegura.

Sin embargo, la mitología que se ha construido alrededor de esta palabra ha provocado, a su juicio, no pocas confusiones. La más habitual: pensar que es lo mismo un emprendedor que un innovador.

"Tal y como se enseña hoy el emprendimiento produce una confusión enorme. Todas las escuelas de negocio tienen un programa de emprendimiento e innovación en el que se enseña cómo dar con ideas de negocio. La palabra innovación se acaba convirtiendo en un atributo de marketing. El innovador lo que quiere es cambiar algo y si la forma de hacerlo es creando una compañía, pues adelante. Pero la obsesión no debe ser formar una empresa", señala.

En su opinión, el objetivo último de innovar es "solucionar un problema de la sociedad. Da igual que sea con un producto o con una política". Y pone el ejemplo de Henry Ford, el padre del automóvil moderno. "¿Por qué se recuerda hoy a Henry Ford? Por fabricar coches. Pero lo que realmente hizo Ford fue convertir los automóviles en un artículo de masas que transformó radicalmente la forma de vivir y de moverse de los seres humanos. Ford también era un emprendedor y creó una empresa, pero lo que nos genera fascinación no es que fuera un empresario".

Otro ejemplo, más reciente es el del fundador de Tesla, Elon Musk. "El objetivo de Musk es llegar a Marte y para ello pensó que lo mejor sería crear una organización sin ánimo de lucro para crear un invernadero en este planeta. Después vio que la mejor forma de alcanzar ese objetivo era crear una empresa y fundó Space X", recuerda Perez-Breva.

Miedo al fracaso

Sus años de experiencia como docente, aunque también como emprendedor -Perez-Breva fundó en 1999 una empresa hoy llamada Polaris Wireless, que es líder en servicios de localización a nivel mundial-, los recoge en el libro “Innovar”. En la obra, el fracaso o, mejor dicho, cómo evitarlo, es otro de los temas a los que el autor dedica más páginas y mayor esfuerzo pedagógico.

En su opinión, el principio de fracasar pronto para aprender de los errores es nocivo para cualquier emprendedor. "En la literatura de negocio se habla mucho de fracasar rápido. Esa visión es inconcebible para mí. El objetivo tiene que ser siempre no fracasar. Tienes que tener absoluto miedo al fracaso para evitarlo", señala. "Esta es la actitud que ha llevado al éxito Apple o a Google", añade.

La escasez de recursos, asegura, tampoco debe paralizar ningún proyecto. "La idea del emprendedor de hoy es: 'Tengo una idea y voy a recaudar fondos para llevarla a cabo'. Y eso es un error, te van a machacar. Vas a creer que porque te han dado financiación tu idea es buena y no siempre es así. El primer paso es buscar una forma de hacer tangible esa idea con los recursos que se tienen, de forma que cuando necesites dinero puedas presentar algo real".

"Una primera ronda de financiación puede llevar entre seis y ocho meses cerrarla. Lo que la persona debería preguntarse es' ¿Podría hacer otra cosa con ese tiempo?' El objetivo de la financiación distrae al emprendedor de lo que realmente tiene que hacer", destaca.

Silicon Valley

Residente en Boston y habiendo pasado antes por Silicon Valley, Perez-Breva cuenta con una visión privilegiada de lo que sucede en el ecosistema tecnológico de uno y otro lado del país.

A su juicio, lo que sucede en San Francisco es posible porque "hay un gran interés en mantener el ecosistema emprendedor que hay allí. Hasta el punto de que se invierte mucho dinero en proyectos que a veces se quedan en nada".

"La mayoría de inversores creen que es bueno dar dinero a estas personas porque aunque fracasen animan el ecosistema. Hay una especie de interés filantrópico que no se da tanto en Boston", concluye.

CRÉDITO: 
Expansión España / RIPE