La distracción en el trabajo

Ayer que fue día del trabajo, escribí sobre el problema que enfrentan las empresas y organizaciones en todos sus niveles que afecta su productividad: las distracciones en el trabajo.

El 1 de mayo es celebrado como el día del trabajo en casi todos los países del mundo, excepto en Estados Unidos. No voy a hablar de los orígenes de la celebración, sino de lo que, en mi humilde opinión, significa hoy en día. Este día celebra el derecho y la oportunidad que debemos tener todos los seres humanos de tener un trabajo digno y lícito que nos aporte satisfacciones y recursos para vivir plenamente. El tema de los recursos es claro, se refiere al salario justo que todos debemos recibir por nuestros labores.

El tema de la satisfacción, para mí, es el sentimiento que cualquier persona debe alcanzar y lograr metas derivadas de su esfuerzo. Desde el albañil por haber terminado la tarea asignada hasta el científico por haber descubierto algún nuevo hito en el conocimiento humano.

Todo lo anterior suena muy romántico y a teoría socioeconómica, pero desde mi punto de vista es la parte real del trabajo. Por lo que he visto del comportamiento humano, a la hora en que cualquier persona desempeña una labor lícita o ilícita, siente que está llevando a cabo un trabajo y, por lo mismo, siente que ha alcanzado un logro.

El problema está en que el mundo moderno nos pone en el camino muchos factores que nos distraen. Cuando yo empecé a trabajar a principios de la década de los 80, las principales distracciones venían de los compañeros de trabajo que siempre traían alguna novedad que platicar, desde el partido de fútbol de la noche anterior hasta el último chisme de oficina, el teléfono y cualquier medio escrito desde el periódico, incluso alguna novela que podían llevar al centro de trabajo. Después aparecieron las computadoras personales y los juegos electrónicos que traían, posteriormente el internet. Para todos estos distractores, la administración tenía algún tipo de control, desde una supervisión estrecha a la disciplina hasta el bloqueo de software y sitios no autorizados en internet.

Hoy en día, las distracciones son mucho más sofisticadas y a veces proporcionan más pretextos que antes. Las aplicaciones de los teléfonos celulares (o más bien computadoras de mano, que es lo que son), las redes sociales, los sistemas de mensajería multimedia instantánea y otras maravillas que seguramente existen, pero que no conozco. Es muy difícil para la administración de las empresas poder controlar todo eso.

El día tiene 24 horas y el estándar del mundo actual las ha dividido en tres grupos iguales de ocho horas cada uno. El primer grupo son las ocho horas que los profesionales de la salud nos dicen que deberíamos dormir en promedio para conservar buena salud física y mental.

El segundo grupo son las ocho horas que dedicamos a nuestra vida privada y necesidades así como las de la familia. En éstas se incluye el tiempo que dedicamos al esparcimiento, como ver televisión o ir al cine o simplemente estar reunidos en casa con la familia y amigos, también en este grupo está el tiempo que dedicamos a trasladarnos al centro de trabajo.

El tercer grupo es el que dedicamos al trabajo y es el que debemos hacer lo más productivo posible en beneficio propio, del equipo con el que colaboramos, de la organización para la que trabajamos y de la sociedad.

En artículos futuros trataré de ampliar sobre el tema y dar algunos consejos prácticos para solucionar este problema.